Desde el célebre “Viva el Tercer Mundo”, frase que añadió el presidente Echeverría al tradicional “Vivan los héroes que nos dieron patria y libertad”, hasta el famoso “Viva la democracia” de Fox o “Viva la Revolución” que agregó el presidente Calderón en el 2010, la ceremonia del Grito es la única celebración cívica que no se ha dejado de conmemorar desde 1812, cuando Ignacio López Rayón, en plena guerra de Independencia, recordó por vez primera las campanadas que resonaron en Dolores la madrugada del 16 de septiembre de 1810.

El Grito, mito fundacional del México independiente, guarda sus historias, algunas magnificadas, otras desconocidas, unas más del dominio público. Difícilmente podemos saber las palabras exactas de Hidalgo al tomar las armas. Sin saber lo que vendría, y sin imaginar por supuesto, que aquel acto le daría identidad y unión a las generaciones venideras, nadie se preocupó por tomar nota de lo que dijo aquel cura de ojos verdes.

Sin embargo, de acuerdo a algunos testigos de la época que luego recordarían la fecha, no faltó el “Muera el mal gobierno” o “Viva Fernando VII” –el legítimo rey que por entonces estaba en manos de Napoleón Bonaparte, quien se había apoderado de España. Algunas versiones señalan que el cura dijo: “Viva la Virgen de Guadalupe”, aunque resulta dudoso, pues Hidalgo tomó el estandarte unas horas después, y su liderazgo comenzó de una manera casi fortuita.

Allende estaba llamado a ser el jefe de la insurrección; era el artífice de las conspiraciones dado su rango de capitán y su influencia entre los militares criollos del Regimiento de Dragones de la Reina; sin embargo, la noche del 15 de septiembre, cuando el capitán y el cura fueron avisados de que la conspiración había sido descubierta, Allende reculó y sugirió dispersarse para iniciar el levantamiento en una fecha posterior. Hidalgo entonces entró al quite y dijo: “No; señores, ha llegado el momento de ir a coger gachupines”.

De esa forma, Allende perdió el liderazgo e Hidalgo lo tomó de manera natural, con lo cual el sentido criollo que pretendían darle a la lucha desapareció, para convertirse en una revuelta eminentemente popular, que poco tenía que ver con la forma en que los criollos querían llevar a cabo la independencia.

Poco se sabe que Hidalgo y Allende se llevaron muy mal durante la primera etapa del movimiento; desde luego el liderazgo de Hidalgo molestó a Allende, pero también su impericia en los terrenos del arte de la guerra o la inexplicable, aún hoy en día, decisión del cura de no tomar la ciudad de México cuando la tenía a su merced. Por si fuera poco, el ensoberbecimiento de Hidalgo –se autodenominó Alteza Serenísima- y los excesos permitidos contra los españoles, ahondaron las diferencias.

En su proceso, Allende declaró que en algún momento del movimiento, tuvo la intención de envenenar al señor cura, porque a su juicio, de seguir la situación del movimiento así, terminaría en un desastre. Como quiera que sea, terminó en un desastre para ambos, pues en marzo de 1811 fueron traicionados, capturados y luego ejecutados.

A pesar de las circunstancias y el desenlace de la primera etapa de la Independencia, la madrugada en que los insurgentes se levantaron en armas se convirtió en un símbolo y en una celebración que es de los mexicanos, no de los gobernantes, no de los partidos políticos, no de las ideologías. Noche de comunión y, por unas horas, de unidad.

Anécdotas para impresionar a los amigos

-La vox populi establece que Porfirio Díaz, en el cenit de su poder, cambió la celebración de la independencia del día 16 al 15 para celebrar así su cumpleaños. Falso. Ya desde la década de 1840, era costumbre celebrar desde el día 15 de septiembre con discursos y oraciones cívicas, festejos que concluían la noche del 16 con fuegos artificiales.

-Durante todo el siglo XIX, la gran verbena por la Independencia se celebraba en la Alameda Central, no en el Zócalo.

-En 1896, Porfirio Díaz ordenó que la Campana con la que Hidalgo convocó al pueblo a tomar las armas fuera trasladada de Dolores al Palacio Nacional. Su idea fue un éxito y, a partir de ese año, se hizo costumbre que el presidente la tocara la noche del 15 de septiembre.

-Según refiere Francisco I. Madero en una carta escrita desde su cautiverio en San Luis Potosí, cuando Porfirio Díaz intentó hacer sonar la campana de Dolores, la noche del 15 de septiembre de 1910 durante las fiestas del Centenario, nada se escuchó: algún maderista infiltrado había envuelto el badajo con un trapo, hecho que fue corregido de inmediato para continuar con la ceremonia.

-El gobernante que por vez primera viajó a Dolores, salió a un balcón para dirigirse a la gente y utilizó las arengas para recordar al inicio de la Independencia fue Maximiliano de Habsburgo en 1864, casi a cuatro meses de haber llegado a México.

-La ceremonia de Independencia más conmovedora de la historia ocurrió en ese mismo año de 1864, en pleno desierto, cuando el presidente Juárez, que por entonces encabezaba la resistencia contra el imperio, hizo alto en una inhóspita región de Durango, cerca de los límites con Chihuahua, llamada la Noria Pedriceña. Al respecto, José María Iglesias, ministro de Juárez que también lo acompañaba en su peregrinar por el norte, escribió: “Los aniversarios comunes de las fiestas de la independencia tienen necesariamente algo de rutina. A semejanza de lo que ocurrió en el humilde pueblo de Dolores la noche del 15 de septiembre de 1810, el 16 de septiembre último [1864] vio congregados unos cuantos patriotas, celebrando una fiesta de familia, enternecidos con el recuerdo de la heroica abnegación del padre de la independencia mexicana, y haciendo en lo íntimo de su conciencia el solemne juramento de no cejar en la presente lucha nacional, continuándola hasta vencer o sucumbir”.

Muchas más historias, anécdotas, curiosidades tiene el Grito que cumple 202 años. Ni las bayonetas, ni las guerras con el exterior, ni los levantamientos armados, ni las invasiones o las confrontaciones políticas, ni las crisis económicas han logrado minar su significado. Yo para esta fecha, en momentos en que México se encuentra en otro más de los momentos difíciles que han marcado su historia, me quedo con las palabras esperanzadoras que Lucas Alamán escribió cuando la patria parecía desmoronarse después de la guerra contra Estados Unidos:

“Basta que no se desespere de la salvación de la Patria para que se trabaje con empeño en procurarla. Las desgracias que ella ha experimentado, los desaciertos que se han cometido… no deben abatir el ánimo ni abatir la esperanzas de los que aman a su país. Todas las naciones han tenido épocas de abatimientos; pero la constancia en la adversidad, la prudencia de los gobiernos y la ilustrada cooperación de los ciudadanos, las han salvado de situaciones que parecían irremediables, y las han elevado después al colmo del poder y de la gloria”.

Tomado de: http://www.animalpolitico.com/

Foto: Y QUE MUERA EL MAL GOBIERNO!!!

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