Hace 70 años, Lázaro Cárdenas del Río, uno de los pocos presidentes realmente cercanos al pueblo, decidió expropiar la industria petrolera. La respuesta de las empresas inglesas y estadunidenses que habían explotado las riquezas energéticas del país desde el siglo XIX no se hizo esperar. Fueron momentos de incertidumbre y de presiones internacionales, pero Lázaro Cárdenas y el pueblo mexicano resistieron. La decisión fue verdaderamente inteligente. A nivel nacional, las empresas privadas extranjeras que extraían petróleo del suelo nacional tenían conflictos laborales con sus trabajadores: la oportunidad y el pretexto perfectos para expropiar no se podían desaprovechar. Además, el visionario Lázaro Cárdenas había avizorado una conflagración mundial (la Segunda Guerra Mundial), la cual impediría a Estados Unidos centrar su atención en los conflictos de sus empresas petroleras. Así fue como se dio la expropiación que tantos beneficios ha traído al país.

Hoy, la derecha (la misma que protestó por la decisión de Lázaro Cárdenas en marzo de 1938) intenta desandar el camino y entregar los recursos energéticos de la nación a empresas extranjeras. Felipe Calderón, el segundo presidente salido de las filas panistas, busca establecer cambios constitucionales para permitir la inversión privada en Petróleos Mexicanos (Pemex). Una idea absurda, sin lugar a dudas, pues de cada peso del presupuesto del gobierno federal, 45 centavos provienen de Pemex. La intención es clara: a través de una campaña mediática fuerte y llena de mentiras, se pretende convencer a los mexicanos de la necesidad de “asociarse” o “aliarse” con empresas privadas extranjeras para extraer un “tesoro” que se encuentra en las profundidades del Golfo de México.

Solo 6 refinerías en 71 años de independencia petrolera. EUA 149, Japón 42 y eso que no tiene petróleo. Si don Lázaro supiera esto se volvería a morir.

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