El graffiti ha sido considerado desde sus inicios, por ciertos organismos de control, como un acto vandálico que irrumpe en el orden social, amenazando con destruir la normalidad de la vida urbana, manchando con su indescifrable simbología el traje con el que se encuentra engalanada nuestra ciudad.”

“Partiendo de esta premisa, el graffiti ha creado dos clases de miradas: la mirada del opositor, del que se niega a aceptar un “Arte” tan ordinario y popular, pues “acabando con lo que tenemos no se arregla nada”; y está también la mirada del cómplice, de aquel que se satisface al observar lo que otro fue capaz de hacer a partir de un pensamiento que comparte plenamente.

Anuncios