Cuando yo me vaya…

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Cuando yo me vaya, no quiero que llores, quédate en silencio, sin decir palabras, y vive recuerdos, reconforta el alma.
Cuando yo me duerma, respeta mi sueño, por algo me duermo; por algo me he ido.
Si sientes mi ausencia, no pronuncies nada, y casi en el aire, con paso muy fino, búscame en mi casa, búscame en mis libros, búscame en mis cartas, y entre los papeles que he escrito apurado.
Ponte mis camisas, mi sweater, mi saco y puedes usar todos mis zapatos. Te presto mi cuarto, mi almohada, mi cama, y cuando haga frío, ponte mis bufandas.
Te puedes comer todo el chocolate y beberte el vino que dejé guardado. Escucha ese tema que a mí me gustaba, usa mi perfume y riega mis plantas.
Si tapan mi cuerpo, no me tengas lástima, corre hacia el espacio, libera tu alma, palpa la poesía, la música, el canto y deja que el viento juegue con tu cara. Besa bien la tierra, toma toda el agua y aprende el idioma vivo de los pájaros.
Si me extrañas mucho, disimula el acto, búscame en los niños, el café, la radio y en el sitio ése donde me ocultaba.
No pronuncies nunca la palabra muerte. A veces es más triste vivir olvidado que morir mil veces y ser recordado.
Cuando yo me duerma, no me lleves flores a una tumba amarga, grita con la fuerza de toda tu entraña que el mundo está vivo y sigue su marcha.
La llama encendida no se va a apagar por el simple hecho de que no esté más.
Los hombres que “viven” no se mueren nunca, se duermen de a ratos, de a ratos pequeños, y el sueño infinito es sólo una excusa.
Cuando yo me vaya, extiende tu mano, y estarás conmigo sellada en contacto, y aunque no me veas, y aunque no me palpes, sabrás que por siempre estaré a tu lado.
Entonces, un día, sonriente y vibrante, sabrás que volví para no marcharme.

 

10 de febrero de 1898: Nace Bertolt Brecht, dramaturgo alemán

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Bertolt Brecht
A los hombre futuros, de Poesías escritas durante el exilio

” I
Verdaderamente, vivo en tiempos sombríos.
Es insensata la palabra ingenua. Una frente lisa
revela insensibilidad. El que ríe
es que no ha oído aún la noticia terrible,
aún no le ha llegado.
¡Qué tiempos éstos en que
hablar sobre árboles es casi un crimen
porque supone callar sobre tantas alevosías!
Ese hombre que va tranquilamente por la calle
¿lo encontrarán sus amigos
cuando lo necesiten?

Es cierto que aún me gano la vida
Pero, creedme. es pura casualidad. Nada
de lo que hago me da derecho a hartarme.
Por casualidad me he librado. (Si mi suerte acabara,
[estaría perdido).
Me dicen: «¡Come y bebe! ¡Goza de lo que tienes!»
Pero ¿cómo puedo comer y beber
si al hambriento le quito lo que como
y mi vaso de agua le hace falta al sediento?
Y, sin embargo, como y bebo.

Me gustaría ser sabio también.
Los viejos libros explican la sabiduría:
apartarse de las luchas del mundo y transcurrir
sin inquietudes nuestro breve tiempo.
Librarse de la violencia.
dar bien por mal,
no satisfacer los deseos y hasta
olvidarlos: tal es la sabiduría.
Pero yo no puedo hacer nada de esto:
verdaderamente, vivo en tiempos sombríos.

II

Llegué a las ciudades en tiempos del desorden,
cuando el hambre reinaba.
Me mezclé entre los hombres en tiempos de rebeldía
y me rebelé con ellos.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.
Mi pan lo comí entre batalla y batalla.
Entre los asesinos dormí.
Hice el amor sin prestarle atención
y contemplé la naturaleza con impaciencia.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

En mis tiempos, las calles desembocaban en pantanos.
La palabra me traicionaba al verdugo.
Poco podía yo. Y los poderosos
se sentían más tranquilos, sin mí. Lo sabía.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

Escasas eran las fuerzas. La meta
estaba muy lejos aún.
Ya se podía ver claramente, aunque para mí
fuera casi inalcanzable.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

III

Vosotros, que surgiréis del marasmo
en el que nosotros nos hemos hundido,
cuando habléis de nuestras debilidades,
pensad también en los tiempos sombríos
de los que os habéis escapado.

Cambiábamos de país como de zapatos
a través de las guerras de clases, y nos desesperábamos
donde sólo había injusticia y nadie se alzaba contra ella.
Y, sin embargo, sabíamos
que también el odio contra la bajeza
desfigura la cara.
También la ira contra la injusticia
pone ronca la voz. Desgraciadamente, nosotros,
que queríamos preparar el camino para la amabilidad
no pudimos ser amables.
Pero vosotros, cuando lleguen los tiempos
en que el hombre sea amigo del hombre,
pensad en nosotros
con indulgencia. ”

Mujer bonita es la que lucha

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Mujer bonita es la que lucha

Oveja Negra

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De niño no me gustaban
los libros ni la sotana
ni salir en procesión
era tan desobediente
como el viento de poniente
revoltoso y juguetón.

Yo en vez de mirar pal cielo
me puse a medir el suelo
que me tocaba de andar
y no seguí al rebaño
porque ni el pastor ni el amo
eran gente de fiar.

Empecé haciendo carrera
por atajos y vereas
muy estrechas para mi,
y decían mis vecinos
que llevaba mal camino
apartao del redil.

Como aquel que calla otorga
y aunque la ignorancia es sorda
pude levantar la voz
más fuerte que los ladríos
de los perros consentíos
y que la voz del pastor.

Siempre fui esa oveja negra
que supo esquivar las piedras
que me tiraban a dar.
Y entre más pasan los años
más me aparto del rebaño
porque no se adonde va.

Leonard Cohen: Cualquier sistema que montéis sin nosotros será derribado

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Leonard Cohen: Cualquier sistema que montéis sin nosotros será derribado

Cualquier sistema que montéis sin nosotros será derribado
Ya os avisamos antes, y nada de lo que construisteis ha perdurado
Oídlo mientras os inclináis sobre vuestros planos
Oídlo mientras os arremangáis
Oídlo una vez más
Cualquier sistema que montéis sin nosotros será derribado

Tenéis vuestras drogas
Tenéis vuestras Pirámides, vuestros Pentágonos
Con toda vuestra hierba y vuestras balas ya no podéis cazarnos
Lo único que revelaremos de nosotros es este aviso
Nada de lo que construisteis ha perdurado
Cualquier sistema que montéis sin nosotros será derribado

Se apaga la voz de José Luis Sampedro pero no su legado

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El escritor y humanista, que murió en la madrugada del lunes, quiso irse de manera “manera sencilla y sin publicidad”
Se ha ido una de las grandes voces de la izquierda y el humanismo. El escritor y economista barcelonés José Luis Sampedro, de 96 años, falleció la madrugada del día 8 en Madrid. Por expreso deseo del autor, la noticia de su fallecimiento no se ha conocido hasta esta mañana porque quería “irse” de “manera sencilla y sin publicidad”, según su viuda Olga Lucas, con la que se había casado en 2003.

Al escritor de “La sonrisa etrusca” o “La sombra de los días”, académico de la Lengua, Premio Nacional de las Letras en 2011 y uno de los más activos críticos de la actual situación social y económica le han incinerado esta mañana en el cementerio de La Almudena en la más estricta intimidad.

Comprometido con los derechos humanos y la denuncia de las injusticias, estaba convencido de que tarde o temprano llegaría el fin del capitalismo. Su edad no le impidió indignarse y convertirse en uno de los abanderados del Movimiento 15-M. Su último libro, Reacciona. De la indignación a la acción (Aguilar, 2011), está prologado precisamente por Stèphane Hessel, autor del célebre ¡Indignaos!, prologado a su vez por Sampedro.

Se trata de una obra coral en la que también participan, entre otros, Baltazar Garzón y Federico Mayor Zaragoza. Su objetivo, en palabras de Sampedro: “Dirigirnos a la sociedad en general, y a los jóvenes en particular, intentando concienciar y provocar una reacción frente a las medidas neoliberales impuestas como única salida posible a la crisis”.

¡Su voz se ha apadado pero no así su legado!

José Luis Sampedro

El Animal Silencioso (Khalil Gibrán – poeta indio)

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En la mirada de un animal silencioso hay un discurso que sólo el alma del sabio puede comprender verdaderamente.En el crepúsculo de un hermoso día, cuando la fantasía se apodera de mi mente, pasé por el borde de la ciudad y me detuve ante las ruinas de una casa abandonada,de la que sólo quedaban las piedras.Entre las ruinas ví un perro que yacía sobre la suciedad y cenizas. Su piel estaba cubierta de úlceras y la enfermedad atormentaba su cuerpo débil. Sus ojos tristes miraban una y otra vez al sol poniente y expresaban humillación, desesperanza y miseria.

Me acerqué a él con el deseo de saber el lenguaje animal para que mi compasión pudiera consolarlo. Pero sólo logré aterrorizarlo, e intentó levantarse sobre sus patas paralizadas. Cayéndose, me echó una mirada en la que se mezclaba ira impotente con la súplica.

En esa mirada había un discurso más lúcido que el del hombre y más
conmovedor que las lágrimas de una mujer. Esto es lo que entendí que decía:

-Hombre, sufrí la enfermedad que causo tu brutalidad y persecución.
“Huí de tu pie rudo y me refugié aquí, porque el polvo y las cenizas son más dulces que el corazón del hombre y estas ruinas menos tristes que su alma. Vete, intruso del mundo del desgobierno y de la injusticia.

“Soy una miserable criatura que sirvió al hijo de Adán con fe y lealtad. Era el más fiel compañero del hombre: lo cuidaba noche y día. Me afligía en su ausencia y lorecibía con alegría a su regreso. Me contentaba con las migajas que caían de su mesa y me alegraba con los huesos que sus dientes habían despojado de carne. Pero cuando me volví viejo y
enfermo, me sacó de su hogar y me abandonó a los despiadados jóvenes de las callejuelas.

“Oh hijo de Adán, veo el paralelismo que existe entre mi caso y el de tus prójimos imposibilitados por la edad. Hay soldados que lucharon por su país cuando estaban en la flor de la vida y que luego labraron su suelo. Pero ahora que ha llegado el invierno de sus vidas y ya no son útiles se ven desechados.

“También veo parecido entre mi suerte y la de una mujer que, en los días de su adorable juventud, alegró el corazón de un joven y que después, como madre, dedico su vida a sus hijos. Pero ahora, ya anciana, es ignorada y eludida.

¡Qué tiránico eres hijo de Adán! ¡Y qué cruel!

Así habló el silencioso animal, y mi corazón lo comprendió…

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