Los portadores de sueños

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En todas las profecías está escrita la destrucción del mundo. Todas las profecías cuentan que el hombre creará su propia destrucción. Pero los siglos y la vida que siempre se renuevan, engendraron también una generación de amadores y soñadores, hombres y mujeres que no soñaron con la destrucción del mundo, sino con la construcción del mundo de las mariposas y los ruiseñores.

Desde pequeños venían marcados por el amor. Detrás de su apariencia cotidiana guardaban la ternura y el sol de medianoche. Las madres los encontraban llorando por un pájaro muerto y más tarde también los encontraron a muchos muertos como pájaros.

Estos seres cohabitaron con mujeres traslúcidas y las dejaron preñadas de miel y de hijos verdecidos por un invierno de caricias. Así fue como proliferaron en el mundo los portadores de sueños, atacados ferozmente por los portadores de profecías habladoras de catástrofes. Los llamaron ilusos, románticos, pensadores de utopías, dijeron que sus palabras eran viejas y, en efecto, lo eran porque la memoria del paraíso es antigua al corazón del hombre.

Los acumuladores de riquezas les temían, lanzaban sus ejércitos contra ellos, pero los portadores de sueños todas las noches hacían el amor, y del vientre de ellas, seguía brotando su semilla; que no sólo portaban sueños, sino que los multiplicaban y los hacían correr y hablar.

De esta forma, el mundo engendró de nuevo su vida, como también había engendrado a los que inventaron la manera de apagar el sol. Los portadores de sueños sobrevivieron a los climas gélidos, pero en los climas cálidos casi parecían brotar por generación espontánea. Quizá las palmeras, los cielos azules, las lluvias torrenciales tuvieron algo que ver con esto. La verdad es que como laboriosas hormiguitas, estos especímenes no dejaban de soñar y de construir hermosos mundos, mundos de hermanos, de hombres y mujeres que se llamaban compañeros, que se enseñaban unos a otros a leer, se consolaban en las muertes, se curaban y cuidaban entre ellos, se querían, se ayudaban en el arte de querer y en la defensa de la felicidad.

Eran felices en su mundo de azúcar y de viento, de todas partes venían a impregnarse de su aliento. De sus claras miradas hacia todas partes, salían los que habían conocido portando sueños, soñando con profecías nuevas que hablaban de tiempos de mariposas y ruiseñores y de que el mundo no tendría que terminar en la hecatombe. Por el contrario, los científicos diseñarían puentes, jardines, juguetes sorprendentes para hacer más gozosa la felicidad del hombre.

Son peligrosos – imprimían las grandes rotativas
Son peligrosos – decían los presidentes en sus discursos
Son peligrosos – murmuraban los artífices de la guerra

Hay que destruirlos – imprimían las grandes rotativas
Hay que destruirlos – decían los presidentes en sus discursos
Hay que destruirlos – murmuraban los artífices de la guerra

Los portadores de sueños conocían su poder, por eso no se extrañaban. También sabían que la vida los había engendrado para protegerse de la muerte que anuncian las profecías y por eso defendían su vida, aún con la muerte. Por eso cultivaban jardines de sueños y los exportaban con grandes lazos de colores.

Los profetas de la oscuridad se pasaban noches y días enteros vigilando los pasajes y los caminos buscando estos peligrosos cargamentos que nunca lograban atrapar, porque el que no tiene ojos para soñar, no ve los sueños ni de día, ni de noche. Y en el mundo se ha desatado un gran tráfico de sueños que no pueden detener los traficantes de la muerte; por doquier hay paquetes con grandes lazos que sólo esta nueva raza de hombres puede ver. La semilla de estos sueños no se puede detectar porque va envuelta en rojos corazones, en amplios vestidos de maternidad, donde pies soñadores alborotan los vientres que los albergan.

Dicen que la tierra después de parirlos, desencadenó un cielo de arcoíris y sopló de fecundidad las raíces de los árboles. Nosotros sólo sabemos que los hemos visto, sabemos que la vida los engendró para protegerse de la muerte que anuncian las profecías.

Seamos como ellos, portadores de sueños, sin importar lo que digan los que no comprenden.

Gioconda Belli
Escritora Nicaraguense

 

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La gran matanza de gatos

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La gran matanza de gatos


—Ideas populares que gestaron la Revolución Francesa—

Desde su título, es muy probable que este artículo provoque rechazo —o cierto gusto morboso— pues los gatos siempre han suscitado admiración y respeto, pero también recelo y repulsión. Contra lo que parece, este texto aborda el ánimo que existía entre la población francesa durante el siglo XVIII y sobre qué ideas se construyó la tan admirada revolución de la «libertad, igualdad y fraternidad».

París, Francia. Década de 1730

Armados con mangos de escobas, varillas de las prensas y otros instrumentos de trabajo, un grupo de hombres persiguieron a todos los gatos que pudieron encontrar en los techos y en las cercanías de la imprenta donde laboraban.
Apalearon a cuanto felino les salió al paso y, a los que no mataron durante la persecución, los metieron en sacos para luego «someterlos a un juicio público» con guardias, un confesor y un verdugo. Después de declarar culpables a los animales y darles los «últimos sacramentos», los remataron en patíbulos improvisados.

Lo más relevante de todo esto no fue la crueldad ni la saña de quienes perpetraron esta matanza, sino el ánimo con que la realizaron: ahogados en risas y en un ambiente festivo que, meses más tarde, cuando en el taller querían divertirse un rato —o burlarse de sus patrones—, hacían representaciones paródicas de ese momento.

Por supuesto, a nosotros, lectores del siglo XXI, este relato podrá producirnos todo, menos risa.
Los antropólogos han descubierto que, en las interpretaciones más oscuras que una sociedad le pueda dar a un acontecimiento —chiste, proverbio, ceremonia—, están los elementos para comprender o acercarse un poco al pensamiento de esa cultura.

Aquí hay gato encerrado

En otro tiempo estás. Eres el dueño 
de un ámbito cerrado como un sueño. 
«A un gato».

Jorge Luis Borges

Desde las primeras civilizaciones, los gatos han originado las más contradictorias pasiones. Cuando un gato moría en el Antiguo Egipto, sus «dueños» —la autosuficiencia de los gatos y su instinto de cazadores les impide ser mascotas de nadie— se rasuraban las cejas en señal de luto. No es casualidad que esta veneración de los egipcios fuera censurada por el pueblo hebreo; de ahí que los perros sean mencionados más de 40 veces en la Biblia, mientras los gatos sólo dos y con referencias negativas.

Siempre se han atribuido rasgos o cualidades humanas a los animales; esta ambigua postura ontológica le ha dado a, por ejemplo, puercos, perros, bueyes, gatos… un poder oculto asociado al tabú. De esto hablaremos en otra ocasión con mayor detalle, así como del papel que han tenido los gatos en la historia.

Animales del demonio

En la Francia del siglo XVIII, los gatos tenían bien definido su lugar; desde la Edad Media eran señal de brujería sin importar su color, raza u hora del día en que salieran al paso: un gato blanco podía ser tan maléfico como uno negro. Para protegerse de sus infernales intenciones había un «remedio» antiquísimo: mutilarlos. Por eso era frecuente que los gatos fueran apaleados o quemados por campesinos y, si se descubría que alguna mujer aparecía con golpes o moretones inexplicables, de inmediato era sospechosa de ser bruja, pues esos golpes eran «prueba irrefutable» de que se podía transformar en gato.

Además de sus asociaciones demoniacas, los felinos también eran responsables de infinidad de desgracias: impedir que la masa creciera cuando entraban a una panadería; de matar a los bebés mientras éstos dormían; podían echar a perder la pesca si los pescadores se topaban con uno en su camino… Pero si se enterraba un gato vivo en un prado, éste podía librarse de la mala hierba.

Paradójicamente, aunque la percepción popular de los gatos era abominable, también tenían la función de proteger casas, de ahí que en la mayoría de los muros de la época medieval se encuentren esqueletos felinos en su interior.

A los habitantes de París les gustaba meter gatos en sacos y arrojarlos al fuego: un «ritual mágico» para invocar a la buena fortuna

Tortura hacia los animales

Registros de matanzas —y juicios— hacia animales pueden hallarse en la literatura —desde el Quijote, en el siglo XVII, hasta Germinal, a finales del XIX— como una práctica común e incluso «divertida». En tiempos de Rabelais era de lo más cotidiano que los niños se entretuvieran atando gatos a un palo y luego los asaran en una hoguera. De ahí una expresión popular que todavía hace medio siglo se usaba en Europa: «paciente como un gato con las patas quemadas».

Durante los carnavales, la Cuaresma o festivales como el Mardi Gras, se torturaban y asesinaban gatos para evitar que éstos organizaran aquelarres de brujos. En Borgoña, mientras se hacía burla a un cornudo —algo parecido al bulling actual— los jóvenes se pasaban de mano en mano un gato al que le arrancaban mechones de pelo para que maullara de forma dolorosa. A esto le llamaban faire le chat: «tocar el gato».

Empleados de imprenta

Durante la segunda mitad del siglo XVII, las grandes imprentas apoyadas por el gobierno eliminaron la mayoría de los talleres pequeños y una oligarquía de patrones controló la industria. Con esto, se deterioró la situación de los obreros, pues muchos deseaban aprender o practicar el oficio de impresor, pero cada vez menos lugares dónde encontrar trabajo.

Las condiciones de los aprendices eran infames: se levantaban antes del amanecer, todo el día los traían atareados mientras intentaban eludir los maltratos de los demás empleados y los insultos del dueño y sólo recibían como paga las sobras de la comida, que consistía en carne vieja y casi podrida, que hasta los gatos del patrón rechazaban con asco.
La situación del resto de los obreros no era muy distinta: eran despedidos con mucha frecuencia y sin remordimiento, sin importar que hubieran trabajado de forma diligente, tuvieran familia que mantener o se enfermaran: el exceso de empleados permitía que los patrones pudieran renovarlos con una frecuencia de hasta una semana. Llamaban ancien —anciano— a quien cumplía un año en el trabajo.

Tampoco esto era gratuito: los empleados, apenas cobrado su sueldo, muchas veces desaparecían sin regresar siquiera por sus cosas, pues ya habían encontrado otro oficio, o preferían seguir probando suerte en otras ciudades.

Antes de la matanza

Según cuenta Nicolas Contant —autor del testimonio original—, los trabajadores, luego de una jornada agotadora y de una comida repugnante, lo único que esperaban con ansia era la hora del sueño. Sin embargo, sobre el sucio cobertizo en el que intentaban dormir todas las noches, se juntaba tal cantidad de gatos, cuyos maullidos y peleas los mantenían en vela.

Llegaron a la conclusión que su situación era injusta y buscaron una forma de que el patrón y su familia padecieran las mismas molestias. Entonces se les ocurrió que Jerome —uno de los aprendices que podía imitar a la perfección gestos de personas y sonidos de animales— caminara hasta el techo dónde dormían los patrones e imitara el escándalo de los gatos para no dejarlos dormir.

Después de varias noches de «concierto gatuno», los patrones pensaron que los gatos estaban embrujados y ordenaron a los empleados que se deshicieran de todos los que encontraran, salvo de Grise, la gata preferida de la esposa del patrón, y a quien le daban de comer aves asadas. Por supuesto, lo primero que hicieron los empleados fue buscar a Grise, matarla y esconderla bien, pues eso sí les podía acarrear problemas.

En Francia, durante el siglo XVIII, se pensaba que para aliviar los cólicos se debía tomar vino con excremento de gato

La rebelión «simbólica»

En el momento de mayor festejo, mientras los empleados se regocijaban con la muerte y tortura de los animales, apareció la patrona, quien lanzó un grito aterrador, no porque le importara mucho la escena, sino porque pensó que su apreciada Grise se encontraba en el montículo de cadáveres.

De inmediato cuestionó a los empleados por su mascota y éstos, serios como la muerte, respondieron: «No, eso sería ofender a la casa, y la respetamos mucho». Por la magnitud del escándalo, no tardó en aparecer el dueño de la imprenta. Éste tampoco se escandalizó por la matanza, sino porque los empleados abandonaran sus puestos de trabajo.

Antes de que los propietarios siguieran con sus quejas y regaños, se dieron cuenta que estaban ante una rebelión «simbólica»: la matanza era un mensaje para ellos, una forma «sutil» de manifestar su descontento por el trato que recibían; pero sobre todo, una burla a la que no podían poner objeciones, porque, ¿no estaban ejecutando sus propias órdenes? Impotentes, los patrones dejaron que los empleados concluyeran su fiesta sangrienta.

Los impresores saben reír

Los obreros usaron los símbolos de su época para burlarse del dueño sin que éste pudiera tomar represalias: al matar a la gata preferida de la mujer, la «acusaron de bruja»; al «representar un juicio», demostraron conocer cómo funcionaba la ley y, al ejecutar la matanza, confirmaron que sólo era cuestión de tiempo para que la inconformidad social pasara de matar animales a personas.

En el testimonio original, se lee: «Los impresores saben reír, es su única diversión». Y la risa de los empleados al cometer la matanza venía de una cultura carnavalesca a la que, sutilmente, podemos acercarnos por medio de los relatos de Rabelais, cuyos personajes también se divertían de forma agresiva y burda, y cuyo desparpajo no es sino el espíritu de un pueblo cuyo «escape» se convirtió en motín; como ocurrió en 1789, cuando París fue el principal escenario de una rebelión sin precedentes y en la que el pueblo se sintió más confiado que nunca para cambiar sus condiciones de vida por medio de un ritual de renovación, como lo es el sacrificio.

Fuente: http://algarabia.com/desde-la-redaccion/la-gran-matanza-de-gatos%E2%80%A8/

La conmovedora hisotria de “Canelo”

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La siguiente historia es muy conmovedora, muy parecida a la de Hachiko, solo que este perro llevó el concepto de fidelidad hasta los extremos.“Canelo” era el perro de un hombre que vivía en Cádiz. Una mascota que seguía a su dueño para todas partes y en todo momento. Este hombre anónimo vivía solo, por lo que el buen perro era su más leal amigo y único compañero. La compañía y el cariño mutuo los hacía cómplices en las miradas y hasta en los gestos.Cada mañana se los podía ver caminando juntos por las tranquilas calles de la ciudad cuando el buen hombre sacaba a pasear a su amigo. Una vez a la semana uno de esos paseos eran hacía el Hospital Puerta del Mar ya que debido a complicaciones renales el hombre se sometía a tratamientos de diálisis.Obviamente, como en un hospital no pueden entrar animales, él siempre dejaba a Canelo esperándolo en la puerta del mismo. El hombre salía de su diálisis, y juntos se dirigían a casa. Esa era una rutina que habían cumplido durante mucho tiempo.

Cierto día el hombre sufrió una complicación en medio de su tratamiento, los médicos no pudieron superarla y éste falleció en el hospital. Mientras tanto “Canelo” como siempre, seguía esperando la salida de su dueño tumbado junto a la puerta del centro de salud. Pero su dueño nunca salió.

El perro permaneció allí sentado, esperando. Ni el hambre ni la sed lo apartaron de la puerta. Día tras día, con frío, lluvia, viento o calor seguía acostado en la puerta del hospital esperando a su amigo para ir a casa.

Los vecinos de la zona se percataron de la situación y sintieron la necesidad de cuidar al animal. Se turnaban para llevarle agua y comida, incluso lograron la devolución e indulto de Canelo una ocasión en que la perrera municipal se lo llevó para sacrificarlo.

Doce años, así como lo leen. Ese fue el tiempo que el noble animal pasó esperando fuera del hospital la salida de su amo. Nunca se aburrió ni se fue en busca de alimento, tampoco buscó una nueva familia. Sabía que su único amigo había entrado por esa puerta, y que él debería esperarlo para volver juntos a casa.

La espera se prolongó hasta el 9 de diciembre del 2002, en que Canelo murió atropellado por un auto en las afueras del hospital. Un final trágico, pero esperanzador para quienes amamos los animales, para quienes quizá ilusamente creemos que en el más allá todavía hay algo que nos espera.

La historia de Canelo fue muy conocida en toda la ciudad de Cádiz. El pueblo gaditano, en reconocimiento al cariño, dedicación y lealtad de Canelo, puso su nombre a un callejón y una placa en su honor.

A Canelo Que durante 12 años esperó en las puertas del hospital a su amo fallecido. El pueblo de Cádiz como homenaje a su fidelidad. Mayo de 2002.

CONOCE A HACHIKO: https://www.facebook.com/media/set/?set=a.191090767597099.40108.133992159973627&type=3

 

La historia de la canción de Nino Bravo “Libre”

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No tenía ni idea del origen de esta canción y mira que la he cantado / escuchado veces.

La triste historia de una célebre canción….

LA CANCION “LIBRE” DE NINO BRAVO
La canción habla del primer alemán que murió intentando atravesar el muro de Berlín.
Peter Fechter, un obrero de la construcción de 18 años, intentó huir junto con un amigo y compañero de trabajo, Helmut Kulbeik. Tenían pensado esconderse en el taller de un carpintero, cerca del muro, y, tras observar a los guardias de la “frontera” alejándose, saltar por una ventana hacia el llamado “corredor de la muerte”, atravesarlo corriendo y saltar por el muro cerca del Checkpoint Charlie, a Berlín Oeste.

Hasta llegar al muro las cosas salieron bien, pero cuando se encontraban arriba, a punto ya de pasar al otro lado, los soldados les dieron el alto, y a continuación dispararon. Helmut tuvo suerte, Peter resultó alcanzado por varios disparos en la pelvis, cayó hacia atrás, y quedó tendido en el suelo en la “tierra de nadie”, durante cincuenta angustiosos minutos, moribundo, desangrándose, a la vista de todos, y sin que nadie hiciera nada.
Gritó pidiendo auxilio, pero los soldados soviéticos que le habían disparado no se acercaron, y lo único que pudieron hacer los soldados americanos fue tirarle un botiquín, que no le sirvió de ayuda, ya que sus graves heridas internas le impedían moverse, y poco a poco fue perdiendo la consciencia. Durante casi una hora, los ciudadanos de ambos lados de Berlín contemplaron impotentes su agonía, gritando a los soldados de ambos lados para que le ayudasen.

Pero ambos bandos tenían miedo de que los del otro lado les disparasen, como había pasado en otras ocasiones anteriores; aunque ninguna en una circunstancia tan perentoria como esta y a las dos del mediodía, con tantos testigos presentes, incluyendo periodistas en el lado occidental.
Los soldados del lado oriental, zona a la que pertenecía en realidad la “tierra de nadie”, tampoco le ayudaron, y no se acercaron hasta pasados 50 minutos, seguramente para que sirviera de ejemplo para cualquier otro que pensase huir.

(Aún así, entre 1961 y 1989 murieron más de 260 personas, sólo intentando cruzar el Muro; además de los que murieron al querer cruzar la frontera entre las dos Alemanias, y ya no hablemos de los que estuvieron en la cárcel por intentarlo, o por ayudar a otros).
Cuando por fin se acercaron los soldados de la RDA y se lo llevaron, los ciudadanos de ambos lados gritaron repetidamente “¡asesinos, asesinos!”. En el lado occidental, se sucedieron las protestas y las manifestaciones los días siguientes, y los habitantes del Berlín Oeste comprendieron claramente lo difícil que sería para sus familiares y amigos del Berlín Este el intentar escapar. Asimismo, también se dieron cuenta, decepcionados, de que los soldados americanos, en pleno auge de la Guerra Fría , no harían nada para ayudarles en circunstancias similares. Fue un duro golpe para la esperanza de los berlineses.

TIENE CASI VEINTE AÑOS y ya está
cansado de soñar;
pero TRAS LA FRONTERA está su hogar,
su mundo y SU CIUDAD.
Piensa que la ALAMBRADA sólo
es un trozo de metal
algo que nunca puede detener
sus ansias de volar.

Libre,
como el sol cuando amanece yo soy libre,
como el mar.
Libre,
como el ave que escapó de su PRISIÓN
y puede al fin volar.
Libre,
como el viento que recoge MI LAMENTO Y MI PESAR,
camino sin cesar,
detrás de la verdad,
y SABRÉ LO QUE ES AL FIN LA LIBERTAD.

Con su amor por bandera se marchó
cantando una canción;
marchaba tan feliz que NO ESCUCHÓ
LA VOZ QUE LE LLAMÓ.
Y TENDIDO EN EL SUELO SE QUEDÓ,
SONRIENDO Y SIN HABLAR;
SOBRE SU PECHO, FLORES CARMÉSÍ
BROTABAN SIN CESAR.

La canción, escrita diez años después de los hechos, recoge una historia y unas fotos que dieron la vuelta al mundo, y que todavía hoy son símbolo de la crueldad humana. En el lugar donde murió Peter Fechter, se levantó en 1990 un monumento. Ya en 1997, dos antiguos soldados de la RDA fueron juzgados, y admitieron haber disparado contra Peter Fechter. Se les declaró culpables, y fueron condenados a un año de cárcel. En el juicio el forense declaró que toda ayuda hubiera sido inútil, ya que la gravedad de las heridas le hubiera causado la muerte en cualquier caso. Pero es algo que nunca sabremos, ¿verdad?
La canción es símbolo de todo el pueblo alemán que soñó con huir, ya que si Peter fue la primera víctima del muro, el último, Chris Gueffroy, en 1989, tenía, precisamente, veinte años…

La increíble historia de la gran danés ciega que vive gracias a un lazarillo

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Lily perdió sus ojos en un accidente y Maddison es su fiel compañero y
guía. Sus dueños estuvieron a punto de separarlos, pero tras meses de
búsqueda encontraron una nueva familia adoptiva en el norte de
Inglaterra.

Cuando un terrible accidente obligó a los veterinarios a extraerle los
ojos a Lily, una gran danés, sus perspectivas de vida no parecían muy
buenas. Pero nadie contaba con que su amigo Maddison intervendría como
un perro guía para ella.

La pareja es inseparable desde hace años, pero enfrentó ahora otro
problema: buscar un nuevo hogar porque su dueño ya no podía hacerse a
cargo de ellos.

Parecía ser una tarea difícil, porque si alguien se interesaba en la
gran danés, también tenía que adoptar a su perro guía, Maddison. Ambos
esperaban a que alguien los acogiera, hasta que a los tres meses
apareció una familia del norte de Inglaterra.

Louise Campbell, gerente del centro Dogs Trust re-homing, en
Shrewsbury, ciudad del condado Shropshire, Inglaterra, Reino Unido,
dijo que Maddison es el perro guía de Lily y que si están fuera de la
casa, Maddison la dirige y la toca para indicarle por dónde ir. Afirma
que es muy conmovedor ver la manera en la que Maddison cuida de Lily.

Lily, que ahora tiene seis años, fue atropellada cuando era cachorra y
el accidente dañó de modo irreparable sus globos oculares. Fue
entonces cuando Maddison, que actualmente tiene siete años, se acercó
a ella y desde entonces tienen una relación muy especial.

Al perder la vista, Lily desarrolló otros sentidos para saber cuando
Maddison está cerca de ella. Duermen juntos y cada uno comprende muy
bien sus ladridos, que son diferentes a lo ordinario. Se llevan muy
bien y disfrutan de su compañía mutua.

Ambos son protagonistas de una verdadera amistad que no entiende de
limitaciones humanas. Muchas veces se utiliza equivocadamente la
palabra “animal” como ofensa. Esta historia ejemplar demuestra el amor
y el sentimiento de amistad que un animal puede expresar y de los que
muchas personas carecen.

 

Mensaje a Paulina Peña Pretelini

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El día cinco de diciembre de 2011 Paulina Peña Pretelini compartió vía Twitter un comentario:

“Un saludo a toda la bola de pendejos que forman parte de la prole y sólo critican a quien envidian.”

El filósofo y escritor mexicano Héctor Jesús Zagal Arreguín le escribió el siguiente mensaje:

No tengo el gusto de conocerte personalmente. No sé cómo eres, desconozco tus cualidades, tus aficiones, tus intereses. Entiendo tu molestia al escuchar las críticas a tu padre Enrique Peña Nieto, son gajes del oficio. Deberías irte acostumbrando a los ataques contra él; en una democracia la crítica es un ejercicio fundamental.

Tu padre es una figura pública y por ende, sus actos serán juzgados con rigor. “¿Por qué son tan duros con él?” te preguntarás. Bueno, los funcionarios públicos ganan mucho dinero. Hay miles de personas dispuestas a sufrir críticas y cuestionamientos con tal de figurar en la nómina oficial. El sueldo bien vale esos golpes. ¿No?

Pero no es de tu padre de quien quiero hablar sino de ti. ¿Te digo algo? Me aterra que hayas utilizado la expresión “hijos de la prole” como un insulto. Insisto, es disculpable que te enfades por la burla hacia tu padre. No me asustaría que los llamaras “babosos” o “tontos”. Es más, no me preocupa el que nos hayas llamado “pendejos”. En cambio, no se puede excusar tu menosprecio a los hijos de los trabajadores, de los obreros.

¿Oíste del escándalo de las “Ladies de Polanco”? Descalificaron a un policía llamándolo “asalariado”. Algo similar hiciste tú: descalificas a la mitad del país por su condición social. ¿Qué tiene de malo ser hijo de un obrero? ¿Sabes? yo soy nieto de un minero, un proletario. No me da vergüenza decirlo. ¿Te avergonzarías de tu padre si fuese un vendedor de tamales o un obrero?

Tu padre, que ha leído la Biblia, te puede recordar una frase de Jesús en el Evangelio: “De la abundancia del corazón, hablará la boca“. Sin pretenderlo, con tus palabras has revelado tu clasismo. Desprecias el trabajo manual. Minusvaloras a quienes se mantienen con su esfuerzo. ¡Qué tristeza que piense así la hija de un candidato presidencial.

“Hijos de la prole”, son, en efecto, quienes estudiaron en escuelas públicas, quienes utilizan el metro, quienes no comen cortes argentinos y quesos españoles, quienes no usan zapatos de miles de pesos, quienes no se atienden en el hospital ABC, quienes no viajan en helicóptero. Los hijos de la prole, por el contrario, deben hacer largas horas de filas en las clínicas del Seguro Social, deben comer carbohidratos (tortillas), deben estudiar en salones sin computadoras, deben apretujarse en los transportes públicos. Los hijos de la prole, querida Paulina, ganan en un año lo que tu padre gana en una semana.

Cuando leas estas líneas haz el siguiente ejercicio: Revisa lo que llevas puesto encima: perfume, cremas, desodorante, ropa, zapatos, celulares y aretes. Suma el total ¿Sabes que traes encima más de lo que una indígena gana durante un año de trabajo duro?

Paulina, me da terror que pienses así. Tu lapsus reveló tu “realidad”: vives en una burbuja color de rosa. “Hijos de la prole” no es un insulto, sino un título honorable. Este país, que tu padre aspira a gobernar depende de los obreros, de los campesinos, de los empleados, depende de esas personas a quienes menosprecias.

Ojalá este gravísimo desliz, no sea fruto de la educación que recibiste en casa, ojalá sea culpa tuya, fruto de tu arrogancia (tan propia, eso sí, de la clase alta mexicana). ¿Qué será de México si lo llega a gobernar una persona que desprecia el proletariado?

Mira Paulina, me parece que por tu bien, debes inscribirte en una escuela pública, reducir tu escolta al mínimo, tomar el metro en horas pico y ponerte a trabajar. Por si no lo sabes, muchos de los “hijos de la prole” se pagan sus estudios con su trabajo: los hay campesinos, vendedores y obreros. Algunos trabajan desde niños.

Paulina, haz puesto en riesgo el futuro político de tu padre. Pero lo que es más grave: pones en riesgo el futuro de México.

Ha perdido México

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El día de ayer los ciudadanos mexicanos acudimos a las casillas correspondientes a hacer escuchar nuestra voz y emitir nuestro voto porque queremos vivir en un país justo.

Muchos piensan que estoy triste porque perdió mi candidato, pues se equivocan señores; sí, estoy triste pero no porque haya perdido mi candidato, no porque haya perdido mi partido político. Estoy triste porque perdió mi país, porque perdió México.

Pero lo que más tristeza y coraje me da es que mis compatriotas siendo de mi bella raza de bronce azteca se vendan por unas tortas de jamón y un “chesco” o por un boleto para un evento deportivo. ¿Qué dirían nuestros ancestros si pudieran ver eso? Ellos que eran dignos guerreros, temidos por los adversarios y respetados entre ellos mismos.

Qué triste es que con el paso de los siglos desaparezca la dignidad guerrera azteca y que tu voz y voto sólo valga una torta, un refresco, una despensa, unos míseros quinientos pesos. ¡Qué feos tiempos vivimos! Vota por quien quieras, pero ten dignidad y sé cabal como ser humano, muévete por convicciones propias, que no jueguen con tus sentimientos.

Mi bella raza de bronce mexicana, los exhorto a que levanten su voz, abran sus ojos, vivan de pie y no de rodillas. Si hemos vencido a ejércitos poderosos como el de Francia y Estados Unidos ¿Por qué no hemos de poder vencer a un partido político corrupto?

Recuerden lo que dijo el buen general Emiliano Zapata: “Es mejor morir de pie que seguir viviendo de rodillas.”

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